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de Patrimonio
El Corcho
Es un producto completamente natural, renovable y biodegradable. Es la corteza de los alcornoques (Quevcus suber) y está constituido por células muertas cuyo interior se llena de un gas similar al aire. Ese gas constituye casi el 90% del corcho, de ahí su levísimo peso y su compresibilidad.
Las paredes de esas células, que son como minúsculos compartimentos estancos, están constituidas fundamentalmente por suberina y cerina, substancias que lo hacen bastante ignífugo, muy flexible y prácticamente imputrescible.
La extracción del corcho es un proceso muy respetuoso con el entorno y de muy bajo impacto. El corcho se extrae por primera vez cuando el árbol tiene un perímetro de 70 cm a una altura de 1,30 m. Los descorches se efectúan como muy pronto cada 9 años y el corcho no vale para tapones hasta el tercer descorche. Por entonces, el árbol tiene unos 40 años. Los alcornoques pueden vivir unos 170 o 200 años, por lo que pueden dar corcho para tapones unas 15 veces.
Propiedades y aplicaciones del corcho:
El corcho es impermeable, inodoro y resistente a los agentes químicos; es inatacable por los líquidos, prácticamente imputrescible y muy resistente a los ataques de los insectos, compresible y elástico, con extraordinaria capacidad de recuperación dimensional, escasa conductividad térmica, excelente aislamiento acústico y de vibraciones, muy liviano y con elevada resistencia mecánica.
Como otros bosques, los alcornocales conservan el suelo, recargan los acuíferos, controlan la ecorrentía y fijan CO2. En este último cometido, el corcho resulta especialmente significativo, ya que es un material de muy larga duración y, por ello, idóneo para “secuestrar” CO2 durante muy largos periodos de tiempo. El alcornoque explotado para extraer corcho, produce casi 5 veces más corcho que un ejemplar intacto, por lo que su utilización comercial aumenta el CO2 fijado. De modo bastante único, los alcornocales (gracias a otra de las características singulares del corcho) funcionan como amortiguadores de los incendios forestales.
Dadas sus extraordinarias características, no es extraño que el corcho tenga múltiples aplicaciones. Algunos de sus usos son ya muy antiguos. En muchos casos, materiales sintéticos lo han substituido parcialmente. Pero, en realidad, en la mayoría de sus utilizaciones no tienen rival.

El corcho y el vino
Recientemente, los investigadores que centran su atención en el mundo del tapón de corcho, han obtenido resultados llamativos y, en casos, sorprendentes. De este modo, a diferencia de los tapones sintéticos, metálicos o de cristal, la relación entre tapón de corcho y vino es una interacción dinámica, contribuyendo el corcho a una más compleja maduración del vino, al cederle compuestos orgánicos volátiles que enriquecen el olor y sabor. Tal es el caso de la vanilina, uno de los compuestos que migra del tapón al vino, profundizando su sabor. Otros compuestos como los elaginatos y antocianinas confieren astringencia y otras características al vino.
Otra investigación reciente ha demostrado que los polifenoles pasan del corcho al vino. Estos compuestos son antioxidantes y contribuyen a reducir el riesgo cardiovascular y retrasa ciertas enfermedades degenerativas. Por otra parte, la reacción de los elaginatos del tapón de corcho (generalmente la vescalagina) y las catequinas del vino produce, entre otros compuestos, acutisimina A, que es un antitumoral 250 veces más potente que los fármacos que se utilizan generalmente para este fin. No obstante, estas investigaciones son tan recientes que sus efectos finales están aún por investigar.
Aunque la utilización del corcho como tapamiento de vinos se atribuye a Pierre Pérignon (1638-1715) para fermentar el vino en las botellas y conferirle espumosidad, casi 20 años antes, en los registros comerciales de un comerciante de vinos inglés se comenta el precio de una partida de tapones de corcho.
No es hasta finales del siglo XVIII cuando el uso del corcho como tapamiento de vinos se generalizó a escala industrial, aprovechando sus características de liviandad, flexibilidad, impermeabilidad e incorruptibilidad, que lo han llevado a presidir el embotellamiento de los mejores vinos hasta nuestros días.



